La conducta de los que están a la cabeza
Tit 1, 1-9; Sal 23; Lc 17, 1-6.
La conducta de los que están a la cabeza, reclama una madurez lograda y una fe fuerte para llevar adelante su misión. Al igual que los discípulos, también pidamos al Señor que aumente nuestra fe y tengamos la capacidad para ayudar oportunamente a nuestros hermanos.
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